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viernes, octubre 23, 2009

José Luján Pérez


José Luján Pérez nació en el guiense pago de Las Tres Palmas. Hijo de labradores acomodados, desde pequeño mostró un especial interés hacia la escultura, llegando a reproducir en madera la imagen de San Bartolomé de Moya.[3] Fue hombre de temperamento pasional y de profundos sentimientos religiosos, los cuales se ven reflejados en sus imágenes.[4] Fue un gran alumno que aprendía con facilidad, llegando a sobrepasar en habilidad y conocimientos a sus maestros. Ya adulto, Luján crea su propia escuela y enseña a muchos de los que se llamarían sus discípulos. Trabajó para todo el Archipiélago Canario, pero quizás sus obras maestras se encuentran en la Catedral de Canarias: el Santísimo Cristo de la Sala Capitular, obra que encumbró a Luján como escultor y considerada la de mayor calidad técnica; la Virgen de los Dolores de Luján; y otras tallas como Santa María de la Antigua, San José, el Apostolado del cimborrio y el bajorrelieve en mármol de la fachada posterior que representa a Santa Ana y la Virgen. También cabe destacar la talla de candelero de la Virgen de los Dolores que se encuentra en la Iglesia de Santiago de los Caballeros de la ciudad de Gáldar. Su obra, de imaginero religioso, acusará influencias del barroco y rococó, y realizará esculturas para distintas iglesias de Canarias, especialmente en Gran Canaria y Tenerife. Dominaba la talla de madera y el plegado de paños, y ponía en ella toda la suavidad y delicadeza de los escultores levantinos. Su trabajo quedaba perfeccionado bajo la copa ligera del policromado. Catedral de Canarias, templo donde Luján Pérez intervino como arquitecto y escultor.



Algunas de sus obras más importantes fueron creadas por encargo para las procesiones de Semana Santa de las islas: Cristo de la Vera Cruz; el Cristo de la Columna de la Basílica de Nuestra Señora del Pino de Teror; el Conjunto del Cristo de la Caída; Simón Cireneo; Nuestra Señora de Los Dolores del "Miercoles"; Santa Verónica y San Juan Evangelista de la "Procesión del Encuentro" de la Iglesia de Santo Domingo de Las Palmas de Gran Canaria; la Oración en el Huerto de la Iglesia de San Francisco de (Las Palmas de Gran Canaria) y la del convento de Santa Clara de La Laguna; la imagen de la Virgen de Los Dolores de la Iglesia de La Concepción de La Laguna, también conocida como "La Predilecta", porque era la obra preferida de este imaginero; busto de San Juan Evangelista de la Parroquia de La Concepción de La Orotava; San Juan Evangelista de las iglesias de San Agustín y de San Francisco de Las Palmas; imagen de Santa Catalina Mártir de Alejandría (Tacoronte); el Santísimo Cristo predicador de la Iglesia de Santo Domingo del Barrio de Vegueta de la capital grancanaria, San Pedro Penitente de la Iglesia de San Francisco de Las Palmas. Santísimo Cristo de la Sala Capitular (Las Palmas de Gran Canaria) que preside la Sala Capitular de la Catedral de Canarias y es obra de José Luján Pérez. Para la Parroquia Matriz del Apóstol Santiago de Los Realejos, talló un Cristo de tamaño académico, menor del natural, destinado a coronar el manifestador del Altar Mayor. Luján sentía gran predilección por las "Dolorosas" y Los Crucificados. Realizó casi una veintena de ellas, repartidas por todas las islas. En la construcción de la Catedral de Canarias trabajo como arquitecto con Diego Nicolás Eduardo, quien a su muerte le dejó al frente de la Catedral. A Luján se debe a la obra bellísima del trascoro. Asímismo Luján también contribuyó como arquitecto en la Catedral de La Laguna. Luján Pérez dejó bastantes discípulos y se puede decir que aún la tradición imaginera de las islas se alimenta de ella. Entre ellos el orotavense Fernando Estévez del Sacramento y el Morenito. En los últimos años de su vida, se retira a Santa Brígida (Gran Canaria)) por problemas de salud, y muere el 15 de diciembre de 1815 a los 59 años de edad. El nombre de José Luján Pérez constituye una referencia obligada en el marco de los estudios de la plástica canaria, ya que participa en una etapa trascendental para la evolución del arte en estas islas

domingo, octubre 04, 2009

Fernando León y Castillo


Fernando León y Castillo, Marqués del Muni (*Telde, Gran Canaria (Islas Canarias), 30 de noviembre de 1842 - † Biarritz (Francia), 12 de marzo de1918). Abogado, político y diplomático español, que impulsó decididamente la intervención española en el Norte de África y fue ministro de Ultramar durante el reinado de Alfonso XII y ministro de Gobernación durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Estudió Derecho en Madrid y colaboró en publicaciones liberales en los últimos años del reinado de Isabel II. Tras la Revolución de 1868 fue nombrado gobernador civil de Granada y Valencia.

Elegido diputado a Cortes por Gran Canaria, en 1871, y más tarde senador, en 1874 accedió a la Subsecretaría de Ultramar.


Tras la Restauración y con Sagasta fue ministro de Ultramar entre el 8 de febrero de1881 y el 9 de enero de 1883. Promovió las obras de construcción del Puerto de La Luz en Las Palmas de Gran Canaria, capital de su isla natal, al que intuyó como uno de los de mayor porvenir del Atlántico. Gracias a su labor se contruyeron carreteras en las islas Canarias, el faro de Maspalomas y el lazareto de Gando, éstos últimos obras emblemáticas en Gran Canaria. También se crearon los correos interinsulares, conocidos como correillos, pequeños barcos de vapor que venían a comunicar las Islas Canarias entre sí. Posteriormente, el 10 de octubre de 1886, León y Castillo se haría cargo del ministerio de Gobernación pero sólo durante un año, puesto que el 12 de noviembre de 1887 sería nombrado embajador en Francia, puesto que ocuparía con intermitencia hasta el fin de su vida.

Hábil negociador, sus gestiones desembocaron en el Tratado de París (1890), que reconocía los dominios de España en el África occidental. Por estos logros y como reconocimiento a su brillante trayectoria política, doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, Reina Regente de España, concedió a León y Castillo en 1900 el título de Marqués del Muni.

Aun así, León y Castillo prosiguió con su labor política redactando, en torno al año 1902 el borrador de lo que vendría a ser un nuevo tratado franco-español que ampliaba los dominios españoles en Marruecos, incluyendo el área de Fez. Sin embargo, las dilaciones liberales y el escepticismo de Maura retrasaron la firma de este acuerdo hasta 1912, con resultados mucho más modestos.

Participó en la Conferencia de Algeciras (1906) y defendió la política neutral española durante la Primera Guerra Mundial.

En marzo de 1918, Fernando León y Castillo, siendo embajador, moriría en la localidad francesa de Biarritz. Diez años más tarde, en 1928, sus restos serían trasladados a la isla de Gran Canaria que le viera nacer. A su llegada, fue recibido por una multitud agradecida que le aguardaba en el mismo muelle que él mismo promovió. Desde entonces descansa en el mausoleo que se le erigió en el interior de la Catedral de Las Palmas de Gran Canaria.

martes, septiembre 15, 2009

César Manrique Cabrera


César Manrique Cabrera nació el 24 de Abril de 1919 en Puerto Naos, barrio de Arrecife (Lanzarote), hijo de Francisca y Gumersindo. De padre representante de comercio, en el ramo de la alimentación, y abuelo notario. César precedió solo algunos minutos a su hermana gemela Amparo. Tenía otra hermana y hermano, todos los cuales aún viven. Don Gumersindo procedía de una buena familia de Fuerteventura y emigró a Lanzarote.
Los Manrique constituían una familia típica de clase media insular, sin agobios económicos. En el año 1934, su padre compró un solar en Caleta de Famara y construyó una casa junto al mar. Esta casa marcó mucho en su vida, rememorando con fruición: " La alegría más grande que tengo es la de recordar una infancia feliz, veraneos de cinco meses en La Caleta y en la playa de Famara, con sus ocho kilómetros de arena fina y limpia, enmarcada por unos riscos de más de cuatrocientos metros de altura que se reflejan en una playa como un espejo. Esa imágen la tengo grabada en mi alma como algo de una belleza extraordinaria que no podré borrar en mi vida. ".



Participó en la Guerra Civil española como voluntario del lado franquista. Su experiencia de la guerra fue atroz, y nunca quiso hablar de ella. En el verano de 1939, una vez concluída la guerra, César regresó a Arrecife. Llegó vistiendo aún el uniforme militar. Tras besar a su madre y a sus hermanos, subió a la azotea de la casa, se desnudo, pisoteó con rabia la ropa, la roció con petróleo y le prendió fuego.

Terminada la Guerra Civil , ingresó en la Universidad de La Laguna para estudiar Arquitectura Técnica, que a los dos años abandonaría. En 1945 se traslada a Madrid para entrar becado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde se graduaría como profesor de arte y pintura.

En otoño de 1964, siguiendo los consejos de su primo Dr. Manuel Manrique Psicólogo y escritor en Nerw York, marchó a esta ciudad, donde estuvo hasta verano de 1966. Se hospedó al llegar en casa de Waldo Diaz-Balart, pintor de origen cubano, en el lower East side, vecindario de artistas, periodistas y bohemios, de esa época. Gracias a su primo Manuel, consiguió una generosa beca en el Institute of International Education que patocinaba Nelson Rockefeller. Ello le permitió alquilar su propio estudio y empezar a pintar una amplia obra que fué exhibida con éxito en la prestigiosa Galería en New York "Catherine Viviano".
Estando en New York, escribía a su amigo Pepe Dámaso "(...) más que nunca siento verdadera nostalgia por lo verdadero de las cosas. Por la pureza de las gentes. Por la desnudez de mi paisaje y por mis amigos (...) Mi última conclusión es que el HOMBRE en N.Y. es como una rata. El hombre no fué creado para esta artificialidad. Hay una imperiosa necesidad de volver a la tierra. Palparla, olerla. Esto es lo que siento." Comenzó a sentir nostalgia de Lanzarote.

" Cuando regresé de New York, vine con la intención de convertir mi isla natal en uno de los lugares más hermosos del planeta, dadas las infinitas posibilidades que Lanzarote ofrecía ".

Y esta es realidad actual: Es imposible imaginarse Lanzarote tal y como es hoy sin César Manrique. Era pintor, escultor, arquitecto, ecologista, conservador de monumentos, consejero de construcción, planeador de complejos urbanísticos, configurador de paisajes y jardines.

Quienes conocían a Manrique sólo superficialmente ignoraban la carga de puritanismo que ordenaba su conducta. Manrique fue realmente un hombre frugal; no bebía alcohol, no fumaba ni permitía fumar junto a él,se acostaba regularmente muy temprano, y madrugaba, comenzando muy pronto su trabajo en el estudio.

Falleció a los 73 años en un trágico accidente de tráfico, el 25 de Septiembre de 1992, al lado de la Fundación, cerca de Arrecife. Las paradojas del destino determinaron que encontrara la muerte en un accidente automovilístico, cuando él detestaba la masificación de los vehículos.
Fuente: Cesar Manrique

Alfredo Kraus Trujillo




ALFREDO JOSÉ KRAUS TRUJILLO nació el 24 de Noviembre de 1927 en la isla de Gran Canaria (España), hijo de un austríaco vienés, Otto Kraus Polensky y de una grancanaria (Las Palmas de Gran Canaria), Josefa Trujillo Mújica.

Al tiempo que iniciaba sus estudios primarios en el Colegio Corazón de María de Las Palmas, comenzó a formar parte del coro infantil del citado centro educativo. Años más tarde alternó sus estudios superiores para obtener la graduación en Ingeniería Técnica Industrial con una completa preparación musical (lenguaje musical, piano y canto). Alfredo Kraus fue, además, un gran aficionado al deporte, especialmente a la natación, práctica que mantuvo durante toda su vida.

Sus estudios de canto comenzaron en su ciudad natal (Las Palmas de Gran Canaria) de la mano de Dª María Suárez Fiol. En Barcelona amplió estudios con la señora Gabi Marcoff. Seguidamente, en Valencia, con el Maestro Andrés y finalmente en 1955 estudiará en Milán con la prestigiosa cantante española Merecedes Llopart.

El 17 de enero de 1956 Kraus hace su debut en el Teatro Real del Cairo, con las representaciones de Rigoletto y Tosca. El 7 de octubre del mismo año contraerá matrimonio con Rosa Blanca Ley Bird, de cuya unión nacerán cuatro hijos: Rosa María, Alfredo, Patricia y Laura.




Con justicia puede decirse que fue a partir de este debut en El Cairo que Alfredo Kraus comenzó una carrera imparable que le convirtió en el mejor tenor lírico del mundo, dentro de su tesitura y de su selectivo repertorio italiano, francés y español, elegido con cuidadosa atención. Kraus ha sido indiscutiblemente considerado como el gran belcantista de su generación.

Cuando sus compromisos artísticos se lo permitían, el cantante impartió numerosas clases magistrales a lo largo de todo el mundo. Bajo su dirección dio comienzo la Cátedra de Canto de la Escuela de Música Reina Sofía de Madrid, que lleva hoy su nombre. También llevan su nombre la Cátedra de Canto del Conservatorio Superior del Liceo de Barcelona, así como el Aula de Música de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Entre los títulos más representativos de la carrera del tenor Alfredo Kraus podemos destacar La Traviata, I Puritani, La Favorita, Lucía de Lammermoor, Rigoletto, Don Pascuale, La Sonámbula, Lucrecia Borgia, L’Elisir D’Amore, Les Pecheurs de Perles, Manon, Les Contes de’Hoffmann, Romeo et Juliette, La Fille du Règiment, Werther, Fausto, Marina o Doña Francisquita.

Así mismo, el tenor español fue protagonista de dos largometrajes: Gayarre, dedicado a la vida del célebre tenor navarro Julián Gayarre, y el film titulado El Vagabundo y la Estrella. Entre las muchas distinciones y premios de las que fue objeto, se encuentran:

Gran Cruz de la Orden de Alfonso X El Sabio - Encomienda de número de la Orden de Isabel La Católica - Medalla de Oro de la Bellas Artes - Comendatore de la República Italiana - Verdi de Oro de Parma - Premio Metropolitan Opera House de Nueva Cork - Bellini de Oro de Catania - Comendadeur de L’Ordre des Arts et des Lettres de Francia - Premio Canarias de la Bellas Artes - Premio de la Academia Francesa del Disco- Medalla de Oro del Gran Teatro del Liceo de Barcelona- Premio Unico Tito Schipa de Leche (Italia) - Fiorino de Oro de Florencia - Kammersänger de Viena - Premio Enrico Caruso de Italia - Chavalier del’Ordre National de la Legión d’Honneur de la República Francesa - Premio Príncipe de Asturias de las Bellas Artes (España) - Medalla de la Royal Opera House de Londres - Miembro de Honor de la Opera del Estado de Austria - Medalla de la Gran Orden del Mérito Militar con Distintivo Blanco (concedida por SS.MM. el Rey Don Juan Carlos I de España) - Gran Cruz de Honor de las Ciencias y las Artes de Austria - Premio Donizzetti de Bérgamo.

Además, el cantante lírico fue distinguido con diversos títulos Académicos y Universitarios, entre los cuales están el Sigillo Mágnum de la Universidad de Bologna (Italia)- Doctor Honoris Causa por la Universidad de la Laguna- Doctor Honoris Causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria- Director de la Cátedra de Canto de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid (actualmente este Magisterio lleva el nombre del tenor).

Como honor inédito en la historia de un artista en activo el Auditorio de Las Palmas de Gran Canaria obtuvo el nombre Alfredo Kraus. Precisamente en este auditorio fue donde Kraus ofreció sus dos últimos conciertos los días 17 y 21 de marzo de 1999, invitado por Los Amigos Canarios de la Opera de Las Palmas de Gran Canaria. Quiso el destino que su carrera terminase donde había comenzado, en su tierra natal.

Tras el fallecimiento de Alfredo Kraus se rindieron numerosos homenajes a su persona. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, por suscripción popular, erigió un monumento a su memoria: una estatua de cuatro metros realizada por el escultor Víctor Ochoa levantada en Los Jardines del Atlántico, situados justamente en el conjunto arquitectónico que rodea el Auditorio Alfredo Kraus. El prestigioso Festival de Opera de Las Palmas de Gran Canaria ha pasado a denominarse Festival Alfredo Kraus. La Federación Canaria de Natación ha creado el Memorial Alfredo Kraus dada la afición del tenor a esta disciplina deportiva. El Gran Teatro del Liceo de Barcelona y la Fundación Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria rindieron homenaje a su memoria con la celebración de varios conciertos en los que participaron alumnos de la Cátedra de Canto Alfredo Kraus de Madrid. Así mismo, el Teatro Real de Madrid y el Palau de Valencia, ofrecieron sendos conciertos homenaje al cantante. El Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales, ha dedicado una placa conmemorativa al tenor por haber sido alumno suyo. En España, como en distintas partes de Europa y América, han surgido diferentes Asociaciones de Amigos de Alfredo Kraus que mantienen vivo el recuerdo y la admiración por la figura artística y humana de este intérprete único. Para conservar su legado cultural se ha creado la Fundación Internacional Alfredo Kraus.

Benito Pérez Galdós


Novelista y dramaturgo español, uno de los escritores más representativos del siglo XIX, junto con Clarín y Emilia Pardo Bazán. Nació en Las Palmas (Islas Canarias) en 1843, el décimo hijo de un coronel del Ejército. Fue un niño reservado, interesado por la pintura, la música y los libros. La llegada a Las Palmas de una prima le trastornó emocionalmente y sus padres decidieron que fuera a Madrid a estudiar Derecho, en 1862. En esta ciudad entra en contacto con el krausismo por medio de Francisco Giner de los Ríos, el cual le anima a escribir y le presenta en la redacción de algunas revistas.

Se transforma en un madrileño que frecuenta tertulias literarias en los cafés, que asiste puntualmente al Ateneo madrileño, que recorre incesantemente la ciudad y se interesa por los problemas políticos y sociales del momento: se define a sí mismo como progresista y anticlerical. En 1868 viaja a París y descubre a los grandes novelistas franceses. A su regreso traduce a Dickens, escribe teatro y, por fin, en 1870 se decide a publicar su primera novela, La Fontana de oro, con el dinero que le da una tía, ya que en esa época las novelas o se publicaban por entregas en publicaciones periódicas, revistas y periódicos, o corrían a costa del autor; la obra era todavía romántica pero en ella ya empezaban a verse sus ideas radicales que aflorarán en el decenio siguiente. En estos años comienza a escribir los Episodios nacionales, en la década de 1880, su época de máxima creación.
También en estos años se compromete activamente en política, ya que de 1886 a 1890 es diputado por el partido de Sagasta, aunque nunca pronunció un discurso. .



A pesar de la oposición ultracatólica que no le perdonó haber escrito Doña Perfecta (1876), un panfleto anticlerical, fue elegido miembro de la Real Academia Española. La obra de Galdós se caracteriza por su marcado y nítido realismo. Él es un gran observador con toques geniales de intuición que le permiten reflejar tanto las atmósferas de los ambientes y las situaciones que describe como los retratos de lugares y de personajes. Se sirve del lenguaje para identificar a sus personajes y esto ha hecho que muchas veces se le acuse de lo que no es: usa un lenguaje ramplón cuando describe o habla un personaje ramplón. Galdós dividió su obra en "Episodios nacionales", "Novelas españolas de la primera época" y "Novelas españolas contemporáneas". Además hay que considerar su teatro

Hasta 1880 son unas novelas de tesis, maniqueas, donde los buenos son personajes modernos, abiertos, liberales y progresistas, y los malos, conservadores, tradicionalistas, fanáticos religiosos e intransigentes. Obras simplistas llenas de ardor juvenil. Entre éstas destacan Doña Perfecta (1876), Gloria (1877) y La familia de León Roch (1878). En Doña Perfecta cargó las tintas en el anticlericalismo y en el enfrentamiento entre progreso y tradición; en Gloria repartió por igual la intransigencia religiosa entre judíos y católicos, y en La familia de León Roch entre católicos y liberales. Desde 1873 a 1912, Pérez Galdós se propuso el ambicioso proyecto de contar la historia novelada de la España del siglo XIX, es decir, desde 1807 hasta la Restauración, con la intención de analizar el protagonismo de las fuerzas conservadoras y de progreso en España.

Son 46 novelas distribuidas en cinco series de diez obras cada una, excepto la última que quedó interrumpida y sólo tiene seis.

Obras corales, épicas, que cubren la anécdota del protagonista individual. Muy lejos de la novela histórica del romanticismo, Galdós se documenta con rigor y hasta donde puede de los hechos históricos y los comentarios están narrados con gran objetividad. Las dos primeras series (1873-1879) cubren la guerra de Independencia y el reinado de Fernando VII. En ellas el autor manifiesta un cierto optimismo en una evolución lenta pero segura hacia el progreso. Entre las obras más celebradas de estas series se encuentran Trafalgar, Bailén, Napoleón en Chamartín o La familia de Carlos IV. En 1898, retomó de nuevo las series, en las que trabajó hasta 1912.
Cubre desde las Guerras Carlistas hasta la Restauración. El optimismo galdosiano se ha apagado y ahora aparece la visión amarga de la España profunda dividida y enfrentada en guerras fratricidas; ante esta convicción el autor busca una salida en el ideal de "la distribución equitativa del bienestar humano" resultado de su izquierdismo político. Algunas de las obras de este periodo son Zumalacárregui, Mendizábal, De Oñate a La Granja, Amadeo I o el último episodio, Cánovas.

A partir de 1881 son más de veinte y casi todas se desarrollan en Madrid. En estas obras el autor ya no utiliza planteamientos maniqueos religiosos o políticos para valorar las conductas de sus personajes, y con plena libertad analiza sus sentimientos, deseos y frustraciones. Lo que surge es un conjunto impresionante de mezquinos, bondadosos, burgueses adinerados, nobles arruinados, desheredados, grandezas y miserias de gentes que viven para aparentar. Galdós consigue captar esta pluralidad social y vital con técnicas narrativas nuevas sirviéndose tanto del monólogo interior, como del estilo indirecto o del personaje narrador —que ya había utilizado en los primeros Episodios Nacionales—.

Ahora el autor presenta y el lector juzga. La primera de estas novelas es La desheredada (1881), obra naturalista en la que la protagonista, una muchacha loca que está en el manicomio de Leganés (Madrid), se cree descendiente de un aristócrata y acaba en la prostitución; El amigo Manso (1883), obra que ya anuncia las "nivolas" de Miguel de Unamuno, plantea el contraste entre un profesor krausista y su superficial y taimado alumno; en Tormento (1884) la protagonista es engañada y seducida por un sacerdote disoluto y la recoge un indiano enriquecido aunque no se casa con ella; en Miau (1888) describe las penalidades de un cesante progresista durante un gobierno conservador, y el infierno de la burocracia; la usura aparece tratada en Torquemada en la hoguera (1889) en la que se narra la ascensión social de un usurero que acaba convertido en senador; el tema ético y religioso se aborda en Nazarín (1895), que Luis Buñuel llevó a la pantalla, como también hizo con otra novela de Galdós, Tristana en la que se ve a un sacerdote perder la fe porque su pureza evangélica no es comprendida ni aceptada por un mundo mezquino; Misericordia (1897) está considerada como una de sus obras maestras y en ella retrata a la dulce Benina que mendiga para llevar dinero a la casa en la que trabaja de criada sin cobrar y en la que aparece el retablo más descarnado de la miseria madrileña. Entre todas estas obras destaca Fortunata y Jacinta (1887) el mural más extraordinario sobre la historia y la sociedad madrileña de la época y una de las mejores novelas de la literatura española. El paso de los años le daban brío y en 1892 se entregó a la reforma del teatro nacional. El estreno de Electra (1901) supuso un acontecimiento nacional: al acabar la representación los jóvenes modernistas acompañaron al autor hasta su casa en olor de multitud.

En 1907 volvió al Congreso, como republicano, y en 1909 con Pablo Iglesias, fue jefe titular de la "conjunción republicano-socialista". Su izquierdismo fue el causante de que no se le otorgara el Premio Nobel. En 1920 murió ciego y pobre en Madrid, su ciudad de adopción.

Misericordia (fragmento)

" Tenía la Benina voz dulce, modos hasta cierto punto finos y de buena educación, y su rostro moreno no carecía de cierta gracia interesante que, manoseada ya por la vejez, era una gracia borrosa y apenas perceptible. Más de la mitad de la dentadura conservaba. Sus ojos, grandes y oscuros, apenas tenían el ribete rojo que imponen la edad y los fríos matinales. Su nariz destilaba menos que las de sus compañeras de oficio, y sus dedos, rugosos y de abultadas coyunturas, no terminaban en uñas de cernícalo. Eran sus manos como de lavandera y aún conservaban hábitos de aseo. Usaba una venda negra bien ceñida sobre la frente; sobre ella, pañuelo negro, y negros el manto y vestido, algo mejor apañaditos que los de las otras ancianas. Con este pergeño y la expresión sentimental y dulce de su rostro, todavía bien compuesta de líneas, parecía una Santa Rita de Casia que andaba por el mundo en penitencia. Le faltaban sólo el crucifijo y la llaga en la frente, si bien podía creerse que hacía las veces de ésta el lobanillo del tamaño de un garbanzo, redondo, cárdeno, situado como a media pulgada más arriba del entrecejo. "
Fuente: El poder de la Palabra